Por el Dr Sergio Cuello: La cifra negra del Abuso Sexual “Los niños sin rostros de Traslasierra”

LOS NIÑOS SIN ROSTRO DE TRASLASIERRA (La cifra negra del Abuso Sexual de menores)
• Escribe: Sergio G. Cuello (Fiscal de Instrucción de 1° Nominación de Villa Dolores)

– “Todo niño tiene derecho a las medidas de protección que su condición de menor requiere por parte de su
familia, de la sociedad y del Estado” (Art. 19 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos – Pacto
de San José de Costa Rica)

Por el Dr Sergio Cuello: La cifra negra del Abuso Sexual "Los niños sin rostros de Traslasierra"

El lado oscuro de la luna: Durante los ultimos años ha habido un marcado interés por la temática que abordamos en el presente trabajo. Hemos verificado que el abuso sexual de menores sigue ocupando y preocupando a psicólogos, sociólogos, educadores, profesionales de la medicina y del derecho, periodistas, magistrados, funcionarios de distintos estamentos, etc. Siguiendo una tendencia que se manifiesta desde hace ya algún tiempo, tuvimos sobre nuestra mesa de trabajo en el transcurso de este año numerosos casos de abuso sexual infantil, algunos de gran trascendencia e impacto en la opinión pública. Empero, creí atinado en esta oportunidad reflexionar sobre un aspecto sobre el que pocas veces reparamos los operadores judiciales y los involucrados en forma inmediata en el tópico de que tratamos, quizás porque sea un aspecto “no técnico” de esta materia. En tal sintonía afirma el Doctrinario Jorge Luis Villada en su obra “Aspectos criminológico victimológicos del Abuso Sexual”, Ed. La Ley, que “… el abogado, el fiscal o el juez, no pueden olvidar que más allá de la fría respuesta de la ley, se debe contribuir a restablecer la armonía individual y social, la tranquilidad personal y general alterada por el delito …”. El acápite que se desarrollará más abajo constituye sólo uno de los tantos “temas pendientes” sobre el punto. Concretamente nos planteamos: qué hacer con esa cifra negra, con ese enorme iceberg que está debajo de lo que se ve en la superficie, con esa sombra que queda
detrás de los pocos casos que se nos presentan y que caen dentro del sistema penal; cómo optimizar las condiciones laborales y de la investigación penal preparatoria para que esa cifra oculta que comprobadamente afecta a los que menos pueden defenderse sea cada día un poco más visible. Se ha dicho que “… un problema realmente curioso que presenta la criminalidad sexual es la llamada cifra oculta o negra. Esto es lo que no se denuncia por temor, vergüenza u otros motivos semejantes y cuyos mayores porcentajes de impunidad se encuentran en las capas socioeconómicas más altas de la sociedad (tienen mayor prestigio que cuidar o preservar y poseen otras alternativas para superar este tipo de trances, ocultan mejor el abuso o lo naturalizan en algunos casos) …”; “… la violencia sexual es un hecho: mucho más frecuente de lo que la mayoría de las personas creen; mucho más frecuente de lo que los medios de comunicación difunden; mucho más frecuente de lo que las estadísticas y los registros oficiales establecen …”. (autor y obra citados). Esta situación, que ha desvelado seguramente a muchos, es motivo de permanente reflexión de quien
rubrica esta nota, y en razón de ello y sin mayores pretensiones -más que la de brindar información a la ciudadanía de Villa Dolores y su círculo de influencia- seguidamente compartiré algunas cavilaciones fruto de haber investigado un poco para intentar entender este fenómeno delictual, lamentablemente tan característico de la zona en que vivimos.

ALGUNOS DATOS ESTADÍSTICOS (Fuente: “La Complicidad del Silencio” –El abuso sexual de
menores-; Autores: Carlos A. Cornaglia y Mario G. Vignolo, médicos forenses del Poder Judicial de Córdoba;
y “Aspectos criminológico-victimológicos del Abuso Sexual”; Autor: Jorge Luis Villada; Ed. La Ley)
– El 90 % de los abusadores sexuales de menores no son juzgados (la mayoría se encuentra en el ámbito
familiar), menos aún condenados, y gozan de impunidad.
– Por cada caso denunciado permanecen 10 casos ocultos (no hay delito que tenga una “cifra en negro” mayor
que el abuso sexual infantil).
– Más del 70 % de las personas abusadas sexualmente son menores de edad. Estos abusos son generalmente
intrafamiliares, siendo el victimario un ascendiente directo o familiar cercano, padrastro, vecino o allegado.
– En el abuso sexual intrafamiliar de menores, en 8 de cada 10 casos el abusador es conocido de la víctima.
– Una de cada 5 mujeres y uno de cada 10 varones en nuestro medio pueden haber sufrido algún tipo de abuso
sexual en su infancia.
– En cuanto a la vulnerabilidad en que se encuentra la víctima: el 60 % de los casos ocurren en lugares donde
se cree que los menores están más seguros (su casa, escuela, gimnasio, transporte, etc.).

Los niños sin rostro: Para quienes estamos comprometidos en la lucha contra el abuso
sexual infantil es una gran frustración cuando, no obstante todos los esfuerzos llevados a
cabo, no podemos probar suficientemente –con el estándar probatorio que establece la Ley
y por ende que exigen los Tribunales- un caso de este tipo. Como en nuestro sistema
procesal penal (como lógico reflejo de la forma republicana de gobierno) son las pruebas
las que determinan la culpabilidad del imputado, no contar con evidencias contundentes
lleva inexorablemente a desvincular al abusador del hecho delictivo que se investiga.
Muchas veces ni siquiera la evidencia alcanza como para llevar a juicio oral la causa. A lo
largo de mis veinte años de carrera judicial, afortunadamente han sido muy pocos los
expedientes en que ha sucedido tal extremo, lo que no deja de ser cada vez que ocurre
marcadamente decepcionante. Pero aún con ese fracaso a cuestas (y digo “fracaso” porque,
aún cuando sabemos desde nuestra íntima convicción que el acusado es el autor del delito,
no podemos probarlo), a ese niño que fue objeto de supuesto abuso le conocemos la cara.
Hemos visto sus gestos de sufrimiento y de profundo dolor al padecer la revictimización o
victimización secundaria del proceso judicial, al comparecer a entrevistas en Cámara
Gessel, al someterse a pericias psicológicas y psiquiátricas, al ser examinado en sus partes
íntimas y genitales por el médico forense o médico policial. Pero, iteramos una vez más, a
ese niño le hemos visto la cara, conocemos su nombre y domicilio, también –de una u otra
forma- nos hemos adentrado en su vida familiar, escolar, religiosa, social. Entonces, por
más que ya no podamos perseguir penalmente al delincuente, al acusado como causante del
ultraje sexual que el menor padeció, más allá de la frustración de la que hablábamos más
arriba, sí desde alguna política social o de salud del Estado se puede indudablemente
abordar tal problemática.

No es un consuelo simplista, pero por lo menos es una forma de que ese niño pueda enfrentar a futuro su problema, ello en razón de que, más allá de que desde los órganos de persecución del Estado se pueda dar o no una respuesta a la víctima del delito, no debe olvidarse nunca que ese niño sobrellevó un abuso sexual y de por vida deberá lidiar con las secuelas que el mismo le ha dejado en su psiquis (al respecto ver el invaluable aporte que, desde la experiencia en la instrucción de este tipo de delitos y desde el estudio comprometido de la temática, ha efectuado en esta misma publicación la Lic. Roque de Vázquez Yofre).- En cambio, los niños que se encuentran dentro de la cifra negra de la que hablamos, la gran cantidad de menores que como hemos visto se encuentra en ese estrato, -figurativamente- no poseen rostro. Sabemos que existen, y hasta imaginamos sus muecas de sufrimiento, pero nunca han hablado del ultraje que les tocó vivir, nunca han sido atendidos en un centro de salud o recibido ayuda terapéutica, y lo que es peor: quizás su sufrimiento se mantenga en el tiempo y jamás se trate su problemática. Ya sea en Barrio Tradición de Villa Dolores, en Villa Sarmiento, en La Paz, en Pozo de la Pampa, en cualquier sitio de nuestro valle en que se encuentre esa víctima sin rostro, allí debería estar el Estado atendiendo este padecimiento.

Por el Dr Sergio Cuello: La cifra negra del Abuso Sexual "Los niños sin rostros de Traslasierra"

Pero, puede el Estado “detectar” estos casos escondidos?

Y, los funcionarios que estamos encargados de la investigación de los delitos, como miembros del Poder Judicial, podemos hacer algo al respecto en esta coyuntura?.

Previo a responder estas preguntas tengamos presente algunas consideraciones
preliminares.-
POR QUÉ AUMENTARON LOS CASOS DE ABUSO SEXUAL EN LOS ÚLTIMOS AÑOS (entre ellos los intrafamiliares): (Fuente cit.: “La Complicidad del Silencio” …)
– Cambio de actitud de la sociedad, cada vez más intolerante con estos delitos. Antes había una
estigmatización de la víctima, se dudaba sobre su honestidad, lo que constituye una segunda victimización.
– Consecuentemente hay una mayor “predisposición a denunciar”.
– Cambio de actitud de médicos y educadores en orden a acercarse a la Justicia y consultar el caso.
– Papel de la Prensa, fundamentalmente en los casos trascendentes (Cabe recordar la repercusión que tuvo
hace un par de años en el ámbito regional el caso de la denominada por los medios de comunicación “Banda
Viagra”, en la ciudad de San Pedro).
– Mejoramiento de la ley procesal para abordar estos delitos (v.gr.: uso de Cámara Gessel, capacitación de los
Equipos Técnicos de Menores, programas de asistencia familiar, Ley de Violencia Familiar, etc.).

El límite de La Ley: La Justicia Penal no puede inmiscuirse de oficio en todos los abusos sexuales que llegan a su conocimiento. Siendo el abuso sexual infantil una especie dentro del género, también esos procesos corren la misma suerte. Conforme lo dispuesto por el art. 72 del Código Penal, en la mayoría de estos casos (abuso sexual simple, gravemente ultrajante, con acceso carnal, estupro, etc.), se establece la existencia de una acción dependiente de instancia privada. Reza la norma citada: “En los casos de este artículo, no se procederá a formar causa sino por acusación o denuncia del agraviado, su tutor, guardador o representantes legales.” (2do. párrafo). Y en consonancia con la norma sustantiva, el art. 6 del Código Procesal Penal de la Provincia de Córdoba dispone que “Cuando la acción penal dependa de instancia privada, sólo podrá iniciarse si el ofendido por el delito o, en orden excluyente, sus representantes legales, tutor o guardador, formularen denuncia anteautoridad competente para recibirla.”. De allí entonces que tengamos un importante valladar para nuestra intervención en el ámbito de la actuación del Derecho Penal, esto es:si no hay denuncia realizada por los padres, guardadores, etc. a favor del menor víctima no
se puede actuar persiguiendo al delincuente. Aún así, excepcionalmente sí se puede intervenir cuando el delito sexual es cometido contra un menor que no tenga padres, tutor ni guardador, o que lo fuere por uno de sus ascendientes, tutor o guardador. También cuando existieren intereses gravemente contrapuestos entre algunos de éstos y el menor, situación en que se prioriza el “interés superior del niño”. Con todo, no debe perderse de vista que la actuación de la Justicia en la persecución de esta clase de injustos es, como hemos explicado, “limitada”.

Los mitos de siempre, también en el bicentenario:

En esta tarea es indudablemente positivo erradicar definitivamente algunos mitos que hoy por hoy se encuentran descartados de plano por las ciencias que estudian el tema, fundamentalmente la psicología, la psiquiatría y la sociología. Siguiendo al catedrático Villada, desmitifiquemos algunas creencias populares:

1- En lo que se refiere al delincuente, vulgarmente se piensa que se trata de una persona con características distintas de las demás y que algo en él denotará su patología. En realidad, “… el abusador puede no sólo ser una persona sin ningún rasgo especial aparente, sino que por el contrario, puede resultar uno de los tantos sujetos comunes que se encuentran próximos a la víctima de esta clase de delitos (es común la confusión del rol “cuidador-abusador”). Tales son el padre, un amigo, un tío, un hermano, un vecino, un educador, etc. …”; “… El abusador de menores suele ser una figura dominante que violenta o intimida al niño (padre, tío, abuelo, maestro, entrenador, etc.) …”
(op.cit.).

2- Si bien es verdad que la promiscuidad contribuye a este tipo de ilicitudes, ello no debe confundirse con el mito de que estas conductas antisociales son propias de segmentos de la sociedad con carencias socio-económico-culturales. “… La realidad viene enseñando crudamente, que los abusos sexuales se dan en todas las escalas de la sociedad,
aunque los segmentos más pobres sean los que en mayor número denuncian el hecho a las autoridades …” (op.cit.).

3- Habitualmente tratamos de encontrarle explicaciones racionales al actuar de los sujetos activos de los abusos contra menores, empero, aunque parezca simplista la respuesta, ellos actúan de ese modo porque les agrada, les hace sentir bien. Es un mito buscar tortuosas explicaciones para la conducta de un abusador.

4- Otro mito a destruir refiere a la condición de vida de la víctima. Según las estadísticas éstas mayoritariamente provienen de familias organizadas, lo que rompe con la creencia de que en familias desavenidas o disueltas (por divorcio, separación, etc.) necesariamente sus componentes están más expuestos o se presentan más vulnerables. 5- Cuando se trata de niños víctimas biológicamente ya desarrollados y que transitan por la adolescencia, es frecuente descalificarlos con la famosa frase “ella se lo buscó”, “ella lo provocó”. Nada más lejos de la realidad, ese menor (generalmente niña) es tan víctima como otras y su actitud a veces temeraria o riesgosa no puede ser justificación de un atropello a su libertad sexual.

ALGUNOS FACTORES QUE FAVORECEN EL ABUSO SEXUAL INTRA FAMILIAR: (Fuente cit.:“La Complicidad del Silencio” …)
– Un ambiente social, económico y cultural precario.
– La falta de educación.
– Las costumbres (por caso: abuso sexual incestuoso).
– El ambiente urbano o rural de promiscuidad.
– La marginalidad social.
– La pérdida de valores morales (disolución del vínculo afectivo familiar).
– La violencia familiar.
– El alcoholismo y las drogas.
– La pornografía (que lamentablemente social y culturalmente –también económicamente- está al alcance de
personas mayores y menores).
– La falta de educación sexual en niños y adolescentes.

En busca de la luz: Analizada que fuera precedentemente la cuestión bajo estudio, someramente expondré cuál es la propuesta para continuar batallando en nuestro medio transerrano el abuso sexual infantil. Siempre teniendo como
norte por sobre todas las cosas en dicha tarea desenmascarar el rostro de esos niños que sabemos que están, pero que por diversas razones no podemos ver (la Doctrina habla de la “invisibilización” de estos delitos, en la que sin duda la sociedad toda es cómplice).

El diseño básico a seguir sería el siguiente:
a- El compromiso de los órganos locales del Ministerio Público Fiscal (Fiscales de Instrucción y Fiscal de Cámara) para estrechar vínculos con los municipios que abarca la Sexta Circunscripción Judicial, ello en aras de que los gobiernos locales de todos los lugares de nuestro valle se conviertan en potenciales receptores -atención primaria?- de esta problemática y eventualmente brinden asesoramiento a quienes velen en cada caso por los
intereses de los niños víctimas.
b- La capacitación de los distintos actores sociales que se relacionan con la temática, no sólo los vinculados con el quehacer judicial/policial, sino también con el médico, social, cultural, educacional, etc. Sería óptimo programar en los primeros meses del año una serie de disertaciones, talleres y actividades de formación que abarquen los
diversos temas relacionados con la materia.
c- La concientización de la Sociedad de Traslasierra, en cuanto a explicarle a sus habitantes los derechos que tienen, las posibilidades que brinda la actual Ley de Violencia Familiar, entre otras herramientas legales. Consecuentemente, determinar en forma clara quien y cómo puede denunciarse estos hechos, y ante qué autoridad se lleva a cabo el anoticiamiento.
d- El trabajo a encarar necesariamente debe ser interdisciplinario. Además del tratamiento dogmático de las agresiones sexuales sobre menores, deben incluirse otros aspectos esenciales de esta problemática para ampliar la visión ordinaria al momento de enfrentarnos nuevamente en un proceso judicial a la víctima, al victimario, o a otras personas involucradas en el hecho puntual.
e- Si bien no es nuestro campo de acción desde lo institucional, es evidentemente importante determinar fundadamente  cuál es la mejor prevención y las más adecuadas medidas de precaución y cuidado por parte de la víctima o sus representantes legales, lo cual puede ayudar en mucho a evitar estas agresiones y sus graves consecuencias.
f- El apoyo a la víctima es fundamental en esta visión programática. Cabe recordar que el niño sufre un segundo impacto (el primero fue el abuso padecido) cuando debe plantear su situación en el seno de la familia y sus afectos. “… El grupo suele reaccionar de distintas maneras –agresiva o no-, pero en general, haciéndolas sentir a las víctimas culpables del hecho por su conducta anterior o comportamientos que la familia reprochaba …” (op.cit.).
Si esto no puede cubrirlo la familia –es lo ideal- tiene que acudir el Estado en su reemplazo, pues cae de maduro que en el caso de un menor víctima existe imposibilidad de acceso a un tratamiento recuperador y a la elaboración de respuestas adecuadas frente a la agresión, sin la ayuda de los adultos que lo rodean. Rectius: de los adultos que lo rodeamos.

4 Replies to “Por el Dr Sergio Cuello: La cifra negra del Abuso Sexual “Los niños sin rostros de Traslasierra””

  1. q hijos de perra , por q solo un animal puede hacer esto , q los revienten a estos mal paridos

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